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Heavy Rain
¿Hasta dónde estás dispuesto a llegar para salvar a alguien a quien quieres?
El título que hoy nos ocupa es, sin ninguna duda, uno de los desarrollos que más expectación o “hype” ha desatado en los últimos años. Y es que la arriesgada apuesta de Quantic Dream, no puede resultar más interesante.

Tanto por parte de Sony como del líder del estudio francés, David Cage, responsable de títulos tan notables como Nomad Soul y Fahrenheit, las noticias de las que éramos testigos (sobre todo en la última etapa de desarrollo), eran incesantes y a cada cuál más alentadora. El hecho de que todos nuestros actos a lo largo de la trama incidieran de manera directa sobre el desarrollo de la misma, y más aún, cuando se nos aseguraba que con Heavy Rain, nuestra forma de concebir los videojuegos iba a cambiar radicalmente, uno, a priori, no puede evitar mostrar un mínimo de escepticismo ante la parafernalia que como buena campaña de marketing, está siempre ligada a un producto destinado a convertirse en un referente dentro del mundo del videojuego y, si me apuráis, un “vendeconsolas” en toda regla.

Pues bien, Heavy Rain llegó. Y si os soy sincero, yo era de los que lo esperaban con ansia. Quería ser testigo de que realmente, la revolución o “evolución” (mejor dicho) de un género tan atractivo, se había conseguido. Quería disfrutar de una historia compleja, con personajes profundos y lo bastante desarrollados a nivel de personalidad como para que lo que estuviera sucediendo en pantalla fuera lo más creíble posible. Un sueño, que hace muchos años me venía rondando por la cabeza, y que era, como buen amante del cine oscuro y de las historias digamos “tristes”, poder disfrutar de la unión entre videojuego y cine de la manera más sería, intersante y que esa unión consiguiera transmitir la suficiente carga emocional como para llegar a exclamar… “¡Por fin lo han conseguido!”.








