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Sonic the Hedgehog (Genesis)
Quince años después de la aparición del primer videojuego de Sonic en la flamante Mega Drive, Sega nos sorprende con una conversión del mismo para la portátil Game Boy Advance.
Casi nadie se esperaba una mejora en los gráficos o en la línea general del juego, ya que se daba por supuesto que la inmensa mayoría de seguidores de los juegos clásicos del erizo azul nos íbamos a conformar con una conversión lo más fiel posible a la original. Sin embargo, el juego terminó presentando notables diferencias respecto a la versión del 91.

En primer lugar, nada más iniciar el juego y ver la simpática presentación de Sonic agitando el dedo índice, tendremos acceso a un menú de opciones que no aparecía en la consola de Sega. Dicho menú nos permitirá acceder al juego original, a un modo especial, al test de sonido y a las opciones. Desde el menú de opciones se nos permitirá activar o desactivar la música o los efectos de sonido, mientras que el menú especial aniversario nos dará la opción de seleccionar cualquiera de los siete niveles del juego directamente.
Una vez nos decidamos a empezar una partida normal o ir directamente a una fase concreta, bastará con que hayamos pasado algunas pocas horas disfrutando del primer videojuego de la mascota de Sega en Mega Drive para darnos cuenta de que las animaciones del erizo se asemejan más bien a las del Sonic 2 de la misma consola, puesto que el personaje tiene un color que tira más hacia el azul marino y unos gráficos más definidos.

Algo tal vez innecesario, pero no presenta problema alguno y no hay nada que objetar por el momento, hasta que finalmente tomamos el control de nuestro querido erizo. No tardaremos en comprobar cómo la jugabilidad ha quedado seriamente resentida, hasta el punto de que no se puede ni comparar con la versión de Mega Drive. Si a esto le sumamos la lógica adaptación de la resolución de la portátil y a la propia pantalla de Game Boy Advance, disminuyendo notablemente nuestro campo de visión y nuestro tiempo de reacción, la cosa empieza a ponerse cada vez más fea.
En cualquier caso, puede que lleguemos a olvidar estos detalles cuando nuestro personaje empiece a hacer cosas realmente extrañas. Hablo de quedarse flotando en el aire pegado a una esquina o de empezar a correr hacia atrás sin ton ni son, aún soltando los botones. Ni qué decir tiene cuando un enemigo nos arrebata la vida pese a ser invencibles, mientras nos quedamos mirando tristemente la pantalla con cara de tontos.

Y es que el juego en general, y los controles en particular, tienen tantos errores que, tratándose de un videojuego de importación, la primera vez que lo probé realmente llegué a sospechar que en verdad me la habían dado con queso y se trataba de una versión ilegal del mismo. Desgraciadamente para mí y para muchas personas, tenía en mis manos el juego original.
Es una verdadera lástima que incluso en una reedición de un clásico tan memorable como lo fue el primer título de Sonic, Sega siga maltratando de este modo a su propia mascota...







